Es una de las personas más trabajadoras, responsables y comprometidas que conozco. Algo tradicional y cabezota. Y el hueco entre el hombro y el pecho es, sin duda, el más cómodo y consolador.
Cuando lloro de frustración no me seca las lágrimas, me habla como si no viera los surcos mojados de las mejillas, y no me da ánimos. Me regaña por tonta e idealista, y me repite, que es en momentos como éstos cuando se demuestra la disciplina. Y aunque me duela, razón no le falta.
Me tuvo a los 36. No sabría decir si es mejor profesional que madre. Se las sabe casi todas, así que el chantaje emocional con ella no vale.
Viendo fotos suyas a mi edad me parece la mujer más guapa del mundo. Y me lo sigue pareciendo, los cincuenta y tantos son lo de menos.
Es tan tímida como yo (aunque yo la timidez la he ido cogiendo con el tiempo) e intenta no parecerlo con comentarios de sonrisa fácil.
Nunca le han gustado las excentricidades, siempre ha sido una mujer muy sencilla y sin derroches. Caprichos para nosotros, los justos, no quiere criar a niñatos superficiales y consentidos que tienen de todo y todo se les da, porque sino, nunca apreciaremos nada.
Adora a los grandes Joan Manuel Serrat y Sabina, sabe disfrutar del flamenco y la embriaga la voz de Pasión Vega.
Y tiene los ojos verdes, preciosos.
Como dijo Tontxu: está mejor que nunca.
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Hace 8 horas